de los adentros

Los ciclos de la vida y de...


Desde el origen de los tiempos el hombre ha sabido que existen ciclos que rigen nuestras vidas. Los egipcios con geométrica exactitud determinaron los grandes ciclos naturales desde los astros y su armónico vaivén (el Sol con mayúsculas nace, alcanza aplastante su cenit y vuelve al reposo de poniente, ad infinitum), al
Nilo, con sus puntuales y fertilizantes crecidas; pero también establecieron ciclos espirituales, que en paralelo a los anteriores regían esta vida y la de ultratumba. En la vida lineal del hombre contemporáneo estos se han olvidado, han sido desbordados por la torrencial monotonía con la que fluyen nuestras vidas; enterradas bajo las prisas, los agobios, los miedos, sin posibilidad de pararnos a mirar el horizonte, como un ejército de hormigas ciegas.

Ajena a esta marabunta, la obra de Luis J. Loras se entretiene en pesquisas propias, individuales e intransferibles, para realizar una obra autorreferencial, fruto de un íntimo camino de autoexploración, de un proceso de decantación depurativa, de un viaje a la esencia. Y como resultado de este proceso nos ofrece su personal visión donde lo esencial deviene en universal. En su pintura se sintetizan conocidos arquetipos de latentes instintos, viejas películas de serie B con autorretratos inmisericordes, retazos de esperanzas manchados de sangre, parafernalia gótica que se transfigura en un espejo del alma,
clichés manidos que componen un diario íntimo que puede ser el tuyo o el mío.

Duermo, me crezco y muero, como podrías
hacerlo tú.

Ernesto Utrillas Valero

 

 

volver a las imágenes

 

Luis Loras