Filtros

Esta serie invita a situarnos delante de los cuadros, para encontrarnos una retícula de nueve por nueve cuadrados de colores que configura el cuadrado del cuadro. Combinaciones de cuadrados de una variada gama de color, que nos recuerdan a los estudios de Josef Albers sobre la teoría del color, la interacción de los colores, la subjetividad y la percepción visual; así como los ejercicios de experimentación cromática realizados con sus alumnos de la Bauhaus. En las obras de Max Bill, alumno de la Bauhaus en Dessau, también encontramos analogías similares.

 

Si nos alejamos del cuadro y entornamos los ojos, más allá de un formalismo geométrico, podemos percibir que detrás de una combinación armoniosa y colorista, hay una cara que nos mira.

 

Como los retratos de Fayum, las máscaras funerarias o los retratos realistas con los que a lo largo de la historia del arte, el hombre se ha inmortalizado dentro de los límites de la pintura. En ellos, nos encontramos con unos rostros, que a través de las variantes de color se diferencian unos de otros, adquiriendo una individualidad y personalidad subyacente propia.

 

Una vez más, al igual que en la figuración de las series anteriores (Espacios en blanco y In the dark room) los retratos de esta serie también nacen de fotografías reales. Fotografías manipuladas en el ordenador y reducidas a la mínima medida digital: el pixel, para luego llevarlas a la pintura.

 

Estos retratos son imágenes congeladas de personas anónimas que aparentemente pierden su identidad en el proceso plástico que va de la foto al lienzo, del pixel a la mancha y se convierten en esfinges del siglo XXI. Esfinges que nos miran y nos interrogan, como si quisieran hablarnos de sus vidas, de quienes son, y a pesar de esconderse tras un filtro de abstracción geométrica enseñarnos la anatomía más personal, más íntima de su ser.

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" ...El siguiente paso es Filtros, la serie más estricta del pintor donde su gusto por lo figurativo se desvanece tras un tamiz de píxeles. La abstracción formal devenida en retículas de colores coincide con una abstracción conceptual, pues los sujetos pasan a ser amigos del pintor, gente de su entorno más próximo a pesar del regreso al anonimato. El espacio de representación es un espacio menos físico, y el disfrute por las formas, desde los pliegues de tela a los pliegues de carne o las aristas de poliedros, desaparece en su último grupo de lienzos y dibujos. Prima un proceso restringido a la cuadrícula de nueve por nueve, un marco automático desde el que generar libertad para la composición y la investigación cromática.


Lo que más me llama la atención es la evolución que sigue la obra de Loras durante estos años. Desde fuera veo una línea, trazada con claridad desde sus composiciones posmodernas habitando el cubo blanco hasta los cuartos oscuros que presentan osos y poliedros, concluyendo en los mosaicos pixelados que una vez más postulan un diálogo entre lo digital y lo analógico, lo virtual y lo matérico. Me lleva a recordar cómo la intuición tiene algo de sabiduría, y cómo la sabiduría puede encontrarse hasta en el niño más inocente, supuesto páramo de retórica e intelectualidad (pero fuente inagotable de imaginación)."

 


Fragmento del texto de Christian Fernández Mirón para el catálogo de la exposición Espacio al cubo.

 

 

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Luis Loras