We are family

Un aire de familia

 

Cuantas veces al llamar por teléfono hemos confundido a nuestro interlocutor con algún familiar. Los elementos que caracterizan la voz, el tono, el timbre e intensidad, están determinados por una serie de rasgos comunes, de unas características fisiológicas compartidas entre los miembros de una familia de las que, a veces, sólo somos conscientes en esas situaciones. Cuando hablamos por teléfono, sin ver a nuestros interlocutores, percibimos esos parecidos rasgos comunes que comparte la familia, de los que a simple vista no nos percatamos.

Si miramos atentos los retratos de We are family, aparte de los rasgos comunes que todos ellos comparten hay otros rasgos que los dota de un cierto aire de familia. El primero es la inmovilidad, todos ellos han permanecido inmóviles ante el fotógrafo, con esa inmovilidad que exigían los daguerrotipistas a sus modelos; esa inmovilidad que  monumentaliza e inquieta. Monumentaliza con  el hieratismo majestuoso de la escultura funeraria egipcia, monumentaliza como bien sabe el mimo callejero, como utilizaba a la perfección Michael Jackson al inicio de sus conciertos. Pero la inmovilidad también inquieta. Inquieta como un interlocutor que no parpadea, como un reptil a punto de lanzarse sobre sus confiadas victimas, como Pris esperando a Deckard en casa de JF Sebastian.

Es, también,  el silencio el otro rasgo común, la falta de voz, la callada espera, su mutismo perceptible y elocuente. Ese silencio comparte un tono, un timbre, una intensidad que les da un inconfundible aire de familia.

La fotografia se caracteriza, frente a otros medios, por inmortalizar y detener el instante, por mantener para la eternidad lo que ya ha dejado de existir, en contraste brutal con la anécdota e intrascendencia que fluyen en otros medios: véase youtube, por ejemplo.

Capturando ese instante finito, Luis J. Loras ha sacado a los protagonistas de sus retratos del presente eterno en que se hallan atrapados. Ahora, inmóviles, en silencio están esperando, en el escaparate donde se cumplen los deseos, a que sea  tu mirada la que escuche su voz, la que perciba los ocultos movimientos de su alma; a que sea  la cámara oscura de tu retina la que descubra en ellos la vida.



Ernesto Utrillas Valero

 

 

 

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Luis Loras